EL MITO.GIANFRANCO RAVASI

 Ambos fueron figuras capitales en la cultura del siglo XX. Tuve la suerte de conocerlos y ahora los

encuentro juntos en la librería emprendiendo la escalada de una auténtica altura temática. Hablo de

Julien Ries, historiador y eclesiástico belga, creador de la antropología religiosa fundamental, autor

de toda una biblioteca de ensayos, creado cardenal por Benedicto XVI y muerto en 2013. La otra

figura es Raimon Panikkar, barcelonés de madre española y padre indio, también sacerdote e

incansable creador de puentes entre culturas y religiones y entre disciplinas heterogéneas, que murió

en 2010. Ahora, los dos estudiosos se cruzan en torno a una categoría fundacional y fluida, la del

mito, siempre analizado desde perspectivas que van, desde los análisis historicistas hasta los

estructurales, o desde enfoques fenomenológicos hasta transdisciplinares entre filosofía, teología,

historia, antropología, psicología, sociología y lingüística. La paradoja está ya en el núcleo inicial

de la definición del mito. Ries es lapidario: “El mito es un relato sagrado y ejemplar que narra un

acontecimiento del tiempo primordial y dota al hombre de un sentido determinante para su

comportamiento”. Panikkar es más sofisticado: “El logos busca un fundamento último y cuando

cree haberlo vislumbrado, se detiene. Este fundamento, que ya no busca otro fundamento, es el

mito”. Es, por tanto, un punto de llegada extremo y supremo, sin más por qué. Detengámonos aquí,

porque emprender este camino en las alturas puede producir vértigo. Por eso, es mejor escuchar a

quienes se han aventurado hasta la cima y disfrutar de la vista panorámica. Tratemos de analizar los

mitos que la Humanidad ha desarrollado como fundamento último del ser y del existir. Panikkar

utiliza la mitología india a partir de Prajāpati, el dios por excelencia y padre de las criaturas, en cuya

obra se insinúa el dolor como el dolor de un pecado. Otros mitos brotan de la condición humana a

través de una bifurcación de “mitemas” (muerte, vida, trascendencia) y la referencia al hombre

primordial. El camino de Ries es diferente, pero en cierto modo paralelo. Es más didáctico y se

sirve de un aparato iconográfico admirable. El estudioso belga centra la atención en mitos

cosmogónicos: del caos acuático a los monstruos, de la montaña cósmica al cielo, del huevo

primordial a la pareja primigenia. El devenir de las civilizaciones declina el mito según nuevas

tipologías, desde Sumeria hasta la Biblia, desde Egipto hasta Homero, desde el clasicismo greco-

romano hasta la antigua China, pasando por el mito hindú y llegando a las tradiciones

mesoamericanas y africanas. Vale la pena apuntar además una curiosa inversión del discurso en el

cristianismo. En el siglo XX, una de las figuras más controvertidas, pero también “inevitables” de la

teología fue el alemán Rudolf Bultmann quien propuso un “afeitado” hermenéutico del mensaje

evangélico capaz de derribar todos los mitos que aparentemente radicados en él. Es la célebre

“desmitificación”, que todavía hoy practican algunos brutalmente, pero que, -con todas las


necesarias reservas de los teólogos actuales-, tiene su valor para hacer resplandecer la singularidad

del acontecimiento cristiano, incluso cuando se reviste de formas mítico-simbólicas.



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